El Juego del Calamar (Squid Game)

El Juego del Calamar (Squid Game) è una serie TV recensita da Orientaserie.it

  • acción, thriller, K-drama
  • (Sud Corea)
trailer

La vida de Seong Gi-hun, un cuarentón de Seul, transcurre de manera miserable: divorciado, con una hija con la que no tiene la estrecha relación que le gustaría, sin trabajo fijo y lleno de deudas, el hombre vive con su madre anciana a quien le roba sin conciencia los pocos ahorros que posee mientras se enfrenta continuamente a las solicitudes de sus acreedores. Cuando un hombre misterioso le propone participar en unos juegos para ganar un premio económico, Gi-hun no lo duda un segundo. Se encuentra así en una isla en medio al océano donde, junto a otras 445 personas con situaciones similares a la suya, tienen que desafiarse en una serie de juegos tradicionales para niños para ganar el premio, bajo la mirada atenta de los guardianes vestidos de rojo y con máscaras con extraños símbolos. Las reglas del juego se revelan claras al instante: quien pierde, muere.
Aunque no esté disponible en castellano, sino únicamente en coreano o inglés, El Juego del Calamar es hasta ahora, la serie más vista de Netflix. Extremadamente cruda y violenta, (y por tanto no adecuada al público joven, sobre todo niños) no ahorra nada al espectador, poniendo de frente al mismo verdaderas escenas sangrientas y desagradables y a un retrato del ser humano que sigue al “homo homini lupus”, es decir, dispuesto a todo, dispuesto incluso a renunciar a cualquier pequeño rastro de humanidad -en nombre del mero instinto de supervivencia, antes incluso que de la redención social.

Calificación: 

Calidad general: 

Calidad educativa:  ☆ ☆ ☆

Edad a la que va dirigida la serie: >18.

Presencia de escenas sensibles: numerosas escenas de violencia explícita, algunas estilo Tarantino; una escena de relaciones sexuales con desnudo en el cuarto episodio, referencias sexuales y desnudos en el séptimo episodio (aunque los cuerpos están completamente cubiertos de pintura).

Profundización 

El comienzo de Squid Game recuerda inmediatamente a otro drama social de gran éxito ambientado en Corea: Parasite, la película de 2019 dirigida por el director Bong Joon-ho. El protagonista Gi-hun lleva una vida gris y monótona, pero no exenta de amenazas. Ingenuo, un poco tonto, realiza acciones reprobables (como robar el dinero a su anciana madre y apostarlo en las carreras), pero es una persona buena (se preocupa mucho por celebrar el cumpleaños de su hija, aunque siempre parezca destinado a decepcionarla; comparte su escasa cena con un gato callejero…). Cuando se le ofrece la idea de cambiar de vida y hacerse rico, Gi-hun acepta inmediatamente: después de todo, ¿Qué tiene que perder?
Sedado y subido a un minibús, Gi-hun se encuentra dentro de un extraño complejo construido en una isla desierta. A primera vista, el lugar parece una mezcla entre un jardín de infancia y un parque de atracciones: escaleras laberínticas pintadas en colores pastel, brillantes campos de trigo, parques infantiles de tamaño gigante rodeados de murales de nubecitas. Aquí, los concursantes deben competir en una serie de juegos infantiles tradicionales (el primero, es la versión coreana de ¡Un, dos, tres, al escondite inglés). Por cada jugador eliminado, el premio final aumenta en 100.000.000 de won (cerca de unos 73.000 euros). Sin embargo, el ambiente lúdico se interrumpe bruscamente al final de la primera ronda del juego: quien pierde está destinado a morir (ya sea asesinado a sangre fría por los guardias o, a medida que los desafíos continúan, perdiendo brutalmente la vida dentro del propio juego).
A partir de ese momento, el parque de atracciones pierde todo aspecto lúdico y de cuento de hadas y se convierte en un campo de tortura, donde los jugadores son llevados a renunciar, poco a poco, a todo rastro de humanidad: identificados por un número, todos llevan el mismo uniforme, son alimentados muy poco para aumentar su rabia y ferocidad, duermen en catres apilados unos encima de otros y, una vez muertos, sus cuerpos son quemados en crematorios. En un episodio tras otro, los vemos cada vez más pálidos, demacrados, cubiertos de sangre propia y ajena, mientras los guardias mantienen su compostura casi robótica. Estamos destinados a no ver casi nunca sus caras. Y cuando lo hacemos, el horror es aún mayor, porque vemos que no se trata de criminales monstruosos, sino de hombres y niños corrientes, dedicados a un trabajo y con un objetivo que no entendemos hasta los episodios finales.
En parte drama social, en parte película distópica que recuerda a productos como Los Juegos del Hambre (Hunger Games), El Juego del calamar entretiene al público con su perverso mecanismo de pruebas, victorias y derrotas, de jugadores que vamos conociendo episodio tras episodio y con los que, a pesar de todo, acabamos encariñándonos. Hay una especie de similitud brutal entre lo que ocurre en la isla y las vidas anteriores de los participantes: ninguno de ellos era un santo, pero todos habían cometido malas acciones (Gi-hun era adicto al juego y estaba endeudado, su amigo de la infancia Sang-woo, a pesar de sus prestigiosos estudios y su mente brillante, corría el riesgo de ser arrestado por fraude financiero, Sae-byeok era una ladronzuela de poca monta…) que se reflejan de alguna manera en la forma en que abordan los juegos. Juegos en los que la gente ya no apuesta por los caballos sino por los seres humanos, en los que la gente traiciona a sus amigos y en los que la astucia, el engaño y los actos inmorales son esenciales para sobrevivir. Otro aspecto interesante y, al mismo tiempo, terrible de El Juego del Calamar es que los jugadores no son retenidos a la fuerza en la isla, sino que son libres de irse (si la mayoría está de acuerdo) y volver a sus miserables vidas: esto ocurre en el segundo episodio, pero dura muy poco. Enfrentados a su miserable vida, la mayoría de ellos decide espontáneamente regresar a la isla.
A pesar de no ser en absoluto un producto apto para niños, adolescentes y personas con un mínimo de sensibilidad, debido principalmente a una cierta fascinación (que oscila constantemente entre la atracción y la repulsión) por la violencia, El Juego del Calamar consigue mezclar el crudo entretenimiento de un juego de supervivencia con los elementos de un drama social, que muestra la enorme disparidad económica de la población coreana y las diferencias y similitudes entre los pobres y los ricos, que quizá no son tan diferentes como podría parecer a primera vista (no es de extrañar que los juegos y la vida en la isla se inspiren en algún tipo de principio de igualdad). Y el espectador no puede dejar de ver la serie porque tiene una pregunta candente que responder: al final de todo, con un bote de millones de dólares a su disposición, ¿Habrá un hombre aún digno de ese nombre para disfrutarlo?

Cassandra Albani

 Temas de discusión: 

  • Homo homini lupus: “El hombre es un lobo para el hombre” cuando cualquier rastro de humanidad desaparece en nombre de la mera supervivencia;
  • Lo que el ser humano está dispuesto a hacer para obtener riqueza y éxito social;
  • El valor de la vida humana desprovista de cualquier tipo de dignidad y reducida a una forma de entretenimiento para gente desencantada de la vida.